martes, 2 de noviembre de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
Sobre Carolyn Resnick
En los últimos meses, mi tiempo libre ha sido escaso, y por eso no he podido añadir muchas entradas al blog. Llevo ya más de cuatro meses en California, estudiando comportamiento equino y técnicas de entrenamiento bajo la dirección de Carolyn Resnick. Carolyn es una maestra única, y no sólo por su enorme habilidad para entrenar caballos – impresionante por sí sola.
A lo largo de casi seis décadas, Carolyn ha entrenado, con éxito constante, a caballos y jinetes de todo tipo de disciplinas. Algunas son la doma Western, el English Pleasure, monta de caballos de tres y cinco andares, exhibición a la mano y en libertad de caballos árabes, adiestramiento, alta escuela y, más allá de todo esto, durante años ha realizado espectáculos con caballos ejecutando ejercicios de alta escuela sin ninguna cuerda encima.
Pero no fue eso lo que me llamó la atención sobre Carolyn.
Fue esto:
El comportamiento del caballo en este video no se trata de meros reflejos condicionados, como se ve en muchos espectáculos circenses. Carolyn no sabía que la estaban grabando, simplemente, estaba jugando con el caballo. En ningún momento hay coerción, ni se obliga al caballo a hacer nada que no quiera. Las únicas correcciones que se ven, tienen que ver con la calidad de la relación y el respeto del espacio personal, no con la obediencia o la sumisión al entrenador. De hecho, Carolyn procura que el caballo mantenga todo su orgullo, y Panadero la corteja, jugando alegremente a su alrededor.
Cuando ví este video por primera vez, pensé: “Esto es lo más verdadero que he visto hasta ahora”. Me di cuenta de lo mucho que queda por explorar entre los caballos y los humanos. Estudiando con Carolyn, veo el valor, incalculable, que esta exploración tiene para nosotros.
Dos veces por semana, Carolyn publica una entrada en su blog. Parte de mi trabajo aquí consiste en editar tales entradas. En ésta, Carolyn cuenta una experiencia que tuvimos hace unos días.
A lo largo de casi seis décadas, Carolyn ha entrenado, con éxito constante, a caballos y jinetes de todo tipo de disciplinas. Algunas son la doma Western, el English Pleasure, monta de caballos de tres y cinco andares, exhibición a la mano y en libertad de caballos árabes, adiestramiento, alta escuela y, más allá de todo esto, durante años ha realizado espectáculos con caballos ejecutando ejercicios de alta escuela sin ninguna cuerda encima.
Pero no fue eso lo que me llamó la atención sobre Carolyn.
Fue esto:
El comportamiento del caballo en este video no se trata de meros reflejos condicionados, como se ve en muchos espectáculos circenses. Carolyn no sabía que la estaban grabando, simplemente, estaba jugando con el caballo. En ningún momento hay coerción, ni se obliga al caballo a hacer nada que no quiera. Las únicas correcciones que se ven, tienen que ver con la calidad de la relación y el respeto del espacio personal, no con la obediencia o la sumisión al entrenador. De hecho, Carolyn procura que el caballo mantenga todo su orgullo, y Panadero la corteja, jugando alegremente a su alrededor.
Cuando ví este video por primera vez, pensé: “Esto es lo más verdadero que he visto hasta ahora”. Me di cuenta de lo mucho que queda por explorar entre los caballos y los humanos. Estudiando con Carolyn, veo el valor, incalculable, que esta exploración tiene para nosotros.
Dos veces por semana, Carolyn publica una entrada en su blog. Parte de mi trabajo aquí consiste en editar tales entradas. En ésta, Carolyn cuenta una experiencia que tuvimos hace unos días.
miércoles, 23 de junio de 2010
Evitar el conflicto para avanzar de verdad.
Quiero compartir un texto que me envió mi amiga Gabriela Ramírez. Además de dedicarse con éxito al salto y adiestramiento a caballo, compite con su perro en Agility, deporte en el que un manejador dirige a su perro por un recorrido de obstáculos de la manera más rápida y precisa, sin tocar ni al perro, ni a los obstáculos. Este deporte tiene un aspecto muy interesante: se considera conducta antideportiva que el manejador reprenda al perro; y esto se refiere a reprimendas verbales. ¿Imaginan si los deportes y exhibiciones ecuestres se rigieran por criterios similares?
En febrero, Gabriela me ayudó a organizar y participó en mi taller “El lenguaje corporal en el manejo del caballo”. A medida que iba trabajando con su potranca, su relación se fue fortaleciendo. Gabriela se soltó muy pronto en el lenguaje del cuerpo practicado en el curso y, hacia el final del curso, introdujo elementos de agility, a los que su potranca respondió con toda naturalidad. Al final del curso tuvo una sesión con su potranca que nunca olvidaré y que entra en mi lista de pendientes para compartir aquí.
En febrero, Gabriela me ayudó a organizar y participó en mi taller “El lenguaje corporal en el manejo del caballo”. A medida que iba trabajando con su potranca, su relación se fue fortaleciendo. Gabriela se soltó muy pronto en el lenguaje del cuerpo practicado en el curso y, hacia el final del curso, introdujo elementos de agility, a los que su potranca respondió con toda naturalidad. Al final del curso tuvo una sesión con su potranca que nunca olvidaré y que entra en mi lista de pendientes para compartir aquí.
He estado entrenando a una potranca de 3 años con los métodos de Hempfling. Ha sido la experiencia más maravillosa con un equino en los últimos 10 años (que es lo que llevo practicando equitación). La potranca confía plenamente en mí y hemos podido bailar juntas al mismo ritmo. Ahora la estoy empezando a montar, lo cual para ella no ha significado un gran cambio y nunca se ha sobresaltado de verme encima de ella.
Pero lo que quiero contar, más que mi experiencia con la potranca, es la experiencia que tuve recientemente con mi yegua mayor de 11 años. Ella ha sido entrenada usando métodos "tradicionales" y en muchos casos puedo ver que fue maltratada cuando busca huir ante cualquier ayuda. Esto es especialmente obvio en el trabajo a la cuerda. Ella, siendo una yegua calmada y tranquila de trato, cuando ve la fusta y el círculo pasa por momentos de pánico.
La saqué para trabajarla y la yegua ahí mismo abrió lo ojos y brincó botando las patas. Intenté ignorarla y ponerla a trotar hacia al frente para no quedarnos en el conflicto. Ella se dió media vuelta, zapateó una vez y luego se empinó manoteando en el aire durante un tiempo. Ella es una yegua que mide 1m68, de caderas anchas y fuertes. En ese estado llega a ser bastante intimidante.
Luego bajó y se quedó mirándome desconfiada, con la cabeza alta esperando el tirón usual, el tirón doloroso y la fusta del castigo. Yo me quedé parada mirándola, y decidí retroceder unos pasos jalándola con mi cadera, invitándola a que me siguiera con la cuerda suelta. Ella levantó las orejas un poco sorprendida, bajó la cabeza y sumisa pero extrañada me empezó a seguir de buena gana. Salimos del picadero, dimos un paseo juntas y después volvimos para seguir con una excelente sesión de trabajo a la cuerda.
En ese momento no me di cuenta de nada, no fue una revelación divina ni nada por el estilo. Yo ya sabía que esto era lo natural en su comportamiento, yo sabía que la yegua podía confiar en mí a pesar de sus recuerdos. Lo único que hice fue dar el paso de saberlo a hacerlo.
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